La primera canción de adoración registrada y la tuya

Soy melómana, crítica y amante de la música. Desde muy pequeña descubrí mi profunda sensibilidad a las letras, las composiciones, y los sonidos. No todos lo experimentan de la misma manera. 

Como creyente en Cristo, adorar a Dios a través de la música es algo muy especial para mi. Aunque hay otras maneras de adorarlo también. No se trata de experimentar emoción, sino de una conexión directa con el espíritu. Puede vivirse en intimidad, pero también puede ser en forma colectiva: muchas voces unidas cantando a una sola verdad. Como lo vemos en un concierto o en una iglesia.

Hace poco me llamó la atención descubrir cómo fue el primer canto de adoración en comunidad registrada en la Biblia. Fue a través de Moisés y el pueblo de Israel, luego de que Dios abriera sobrenaturalmente el mar Rojo para que ellos cruzaran en seco, y luego destruyera al ejército egipcio que buscaban eliminarlos. 

La canción nació en el mejor día en el que ese pueblo había vivido, en la que habían presenciado un milagro extraordinario. En victoria, en la cumbre de la felicidad. En libertad, luego de aproximadamente 210 años de esclavitud. Con cánticos y panderos, es decir, instrumentos de percusión. Cantaban, "Voy a cantar en honor a mi Dios, pues ha tenido una gran victoria" (Éxodo 15:1)

Pero solo tres días después, durante su travesía en el desierto, no encontraron agua que pudieran beber en el mar. Se toparon con agua amarga en Mara, por lo que empezaron a desanimarse, a murmurar. Se habían olvidado del extraordinario milagro que habían presenciado hace pocos días. Ya no cantaban. 

¿Te suena familiar? No somos tan distintos como podríamos creer a ellos. También hemos sido testigos de milagros, del amor, la misericordia y la protección de Dios en nuestras vidas y aún así no tener memoria de su poder. En muy poco tiempo podemos caer en desanimarnos o dudar. Pasamos de cantar, de estar llenos de gratitud, a sentir tristeza o incredulidad en un abrir y cerrar de ojos. 

A todos nos ha sucedido. El desierto está cerca del mar, no solo en la geografía del mundo sino también en el alma. Conocemos esa distancia, en la que experimentamos un hecho extraordinario un domingo y el martes nos sentíamos derrumbados.  

Esto no se trata de que nuestra fe sea falsa o superficial, porque no sea capaz de sostenernos unos días o porque el milagro haya sido solo una ilusión. Es porque las emociones no permanecen. Por eso la Biblia no muestra a Mara como el fracaso del Éxodo, sino como parte del recorrido. Tus propios tres días, son los mismos que le sucedieron a toda una nación. 

Entonces Moisés clama y Dios le muestra un pedazo de madero para que sea lanzada a esa misma agua amarga y se convierta en dulce. Por primera vez se nos revela como nuestro Sanador. Durante una situación de incredulidad en algo tan sencillo como la falta de agua. 

Tal vez hoy no estás viviendo tus mejores días. Quizás en amarguras cotidianas que te han hecho olvidar lo que has vivido tres días atrás. Hoy te quiero recordar que es un proceso y que hay un madero que puede transformarlo todo. 

Siglos después, sobre una colina en las afueras de Jerusalén, otro Hombre colgado de un madero recibiría una amargura infinitamente mayor a favor de todos los que algún día beberíamos de su gracia. Un tipo de agua capaz de dar vida eterna. 

En la mañana más amarga de la historia, tres días después se convertiría en el día más glorioso para toda la humanidad. La amargura del viernes, un madero y la resurrección del domingo. Una historia escrita siglos antes que parecería hablar solamente de agua, nos mostraba el espacio que puede haber entre el agua de vida y el desierto. 

Hoy quiero recordarte que si te has desanimado, no has fracasado. Lo que estás viviendo también forma parte del camino que todos en algún momento recorremos. Pero hay un Agua que nos sacia para siempre y hace que nuestro espíritu nunca más vuelva a tener sed. 

Así como Moisés y el pueblo de Israel tuvieron su primer cántico de alabanza, ¿registras cuál fue el tuyo? Hoy te quiero invitar a que alabes a Dios con una canción. Sino la recuerdas, hace tres días estuve en un concierto de alabanza, y juntos cientos de personas, cantamos a una sola voz una que dice: "Él es el agua que al beber, nunca más tendremos sed". Te la comparto abajo y espero que la cantes hoy con todo el corazón. 




Para profundizar: (Éxodo 15:1-27, Gálatas 3:13, 1 Pedro 2:24). 

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