El muro de Berlín, Ed Sheeran y Macklemore
¿Qué tiene en común el símbolo político que funcionó como el máximo representante de la división mundial en el siglo XX con la reciente controversia que surgió en el concierto del artista pop Ed Sheeran, su telonero, el rapero Macklemore, y el propietario del estadio, Robert Kraft? Desde la perspectiva de la fe cristiana y la filosofía, lo analizo.
La Guerra Fría fue una confrontación entre el bloque occidental, identificado con el capitalismo, y el bloque oriental, identificado con el comunismo. Dos sistemas ideológicamente opuestos en lo político, social y económico.
El Muro de Berlín, con sus 155 kilómetros de largo y 3.6 metros de altura, dividió físicamente una ciudad y terminó separando familias, amistades, colaboradores y comunidades. Calles, vías férreas e incluso viviendas quedaron divididas. Durante casi tres décadas, miles de personas no pudieron cruzar de un lado al otro ni siquiera para ver a quienes amaban.
El muro se convirtió en una de las representaciones más crudas de un mundo polarizado. Más de tres décadas después de su caída, las fracturas continúan. Solo que algunos de los muros que hoy nos separan ya no se pueden tocar ni ver.
Un ejemplo reciente es la polarización alrededor del conflicto entre Israel y Palestina. Durante la gira musical de Ed Sheeran, su telonero, Macklemore expresó públicamente su apoyo a los palestinos de Gaza y Cisjordania; Ed Sheeran mantuvo una posición más neutral; mientras que Robert Kraft manifestó su apoyo a Israel. Sus posiciones han generado críticas, enfrentamientos y diferentes interpretaciones en redes sociales, medios de comunicación y opinión pública alrededor del mundo.
Pero cuando las personas se convierten en símbolos de aquello que defendemos o rechazamos, es muy fácil dejar de verlas como personas.
Macklemore fue atacado, por ejemplo, a partir de una fotografía de hace doce años en la que aparece en una fiesta privada utilizando un disfraz con estereotipos asociados a la identidad judía. Muchas de las publicaciones que utilizaron esa imagen omitieron que el artista posteriormente reconoció su error, explicó que en ese momento no había comprendido el impacto de ese disfraz, negó haber tenido intención de discriminar o promover odio y ofreció disculpas públicas, a través de un enlace de la Liga Antidifamación (LDA), organización que combate el antisemitismo.
A Robert Kraft se le ha recordado que enfrentó cargos por solicitar servicios de prostitución en un Spa ilícito, en la que existen videos, en un caso que formó parte de una gran investigación por parte de las autoridades policiales contra la trata de personas y tráfico sexual. También fue señalado porque existen referencias a su nombre en documentos relacionados con Jeffrey Epstein. Aunque omitieron que no se encontraba implicado dentro de los documentos, solo señalado por Epstein de conocer sobre "un asunto de su pasado".
Mientras que a Ed Sheeran se lo ha llamado hipócrita por afirmar que no utiliza su plataforma e influencia para asuntos políticos, mientras que en otras posiciones públicas anteriores sí se ha pronunciado claramente sobre Ucrania, Brexit o en contra del racismo. Se lo ha criticado además por su actitud pasiva o tibia frente a la expulsión de su amigo telonero, y por sus reacciones tardías.
Y aquí es donde esta historia deja de ser solamente sobre ellos.
Porque cuando leí sobre este asunto, me sentí tentada a juzgar o a tomar rápidamente una bandera. Pero el Espíritu Santo me confrontó y me exhortó a detenerme.
Es natural reaccionar cuando alguien ataca a una persona, una causa o aquello que consideramos justo. Pedro también reaccionó cuando fueron a arrestar a Jesús: sacó una espada y le cortó la oreja a Malco. Pero Jesús le enseñó que había otra manera de responder: no desde la violencia, sino desde el amor, el perdón, la verdad y la entrega.
Más de dos mil millones de personas en el mundo se identifican con el cristianismo. Entonces me pregunto: ¿quién está en los grandes medios recordándole al mundo cómo responder en este tipo de situaciones? ¿Por qué parecería que solo puedes oír posturas a favor en contra? ¿Alguien está hablando de que los cristianos tienen una manera diferente de ver a las personas? ¿Quién está recordando las enseñanzas de Jesús sobre la compasión, la gracia y la capacidad de mirar el corazón de una persona más allá de sus apariencias? ¿Quién está enseñando a confrontar las acciones sin condenar a la persona?
BBC News, The New York Times, Fox News, CNN, los medios internacionales o locales, nuestras propias redes sociales nos muestran diariamente un mundo dividido. Y cuanto más consumimos determinado tipo de contenido, más fácilmente el algoritmo nos conecta con personas que piensan como nosotros, hasta el punto de hacernos creer que quien piensa diferente es nuestro enemigo.
Pero Cristo nos anuncia otra forma de ver al ser humano.
Jesús no reducía a las personas a sus errores. Las veía completas. Veía sus heridas, sus contradicciones, sus pecados, pero también su dignidad y la posibilidad de transformación.
Por eso confrontó tantas veces a los fariseos. Ellos conocían la Ley, pero no siempre la aplicaban desde el amor. Habían construido muros alrededor de la fe, convirtiéndola en un espacio donde algunos podían sentirse superiores moralmente a otros.
En una ocasión, Jesús fue invitado a comer por Simón, un fariseo. Mientras estaban allí, una mujer conocida públicamente por su vida pecaminosa entró, se acercó a Jesús, besó sus pies y derramó perfume sobre ellos. Simón lo que menos vio fue una mujer, un ser humano. Solo vio su pecado, un objeto de juicio. Jesús vio a una persona.
Simón se consideraba justo y, por lo tanto, no parecía necesitar demasiado perdón. Jesús, en cambio, habló de dos personas que tenían deudas: una debía mucho y otra debía poco. Ambas fueron perdonadas. Y preguntó cuál de ellas amaría más. La respuesta era evidente: aquella a quien más se le había perdonado.
Creo que aquí existe una de las claves para entender nuestra manera de mirar a los demás.
Cuando creemos que hemos pecado poco, sentimos que necesitamos poco perdón y fácilmente comenzamos a sentirnos superiores. Pero cuando somos conscientes de que no podemos alcanzar el perdón ni la salvación por nuestros propios méritos, entendemos que todos necesitamos de esa gracia. Que no estamos por encima de nadie. Que si no fuera por Jesús, estaríamos condenados.
El mundo busca dividirnos. Las redes sociales pueden convertir nuestras diferencias en trincheras. Nos muestran una y otra vez aquello con lo que estamos de acuerdo, hasta hacernos creer que nuestra visión es la única razonable y que quien piensa diferente representa una amenaza. Por eso necesitamos discernimiento espiritual antes de repetir, compartir o alimentar aquello que aparece frente a nosotros.
Cuando miramos una situación desde diferentes ángulos, las personas dejan de convertirse en objetos de nuestro juicio y vuelven a ser seres humanos. Personas con errores y fortalezas, con acciones que podemos reprochar y también con otras que podemos reconocer.
Macklemore, por ejemplo, también ha mostrado una alta sensibilidad hacia personas vulnerables durante toda su vida, ha participado y donado a iniciativas relacionadas a centros de salud para comunidades de bajos recursos, a programas de recuperación para jóvenes con problemas de sustancias alcohólicas o psicotrópicas, en proyectos de educación musical para escuelas de comunidades marginadas, además de abordar públicamente temas de salud mental, entre otros.
Robert Kraft también ha participado y financiado a causas sociales y fundaciones relacionadas con la lucha contra el odio, el antisemitismo y la discriminación, así como iniciativas vinculadas con jóvenes, infancia, mujeres y deporte.
Ed Sheeran, por su parte, ha participado y donado a proyectos relacionados con educación musical para personas de bajos recursos, a iniciativas contra la pobreza infantil, a viviendas de emergencia para el prójimo, a impulsar la salud mental y otras causas humanitarias.
¿Qué ves cuando miras a estos hombres? La respuesta está, en parte, en cuánto perdón y gracia sentimos que hemos recibido.
Veo a tres hombres con una profunda necesidad de Jesús. Detrás de cada uno existe una historia, heridas, errores y aciertos. Ninguno de ellos es solamente aquello que hizo bien o aquello que hizo mal. Y nosotros tampoco.
Todos necesitamos la gracia de Dios, aunque nuestros errores parezcan pequeños. Todos hemos estado alguna vez en uno de sus zapatos. Alguna vez fuimos Macklemore, donde escogimos defender al prójimo y, al mismo tiempo, hacerlo de una manera que no produzca la unidad que Dios desea. En otro momento fuimos Ed, en donde podemos encontrarnos frente a una situación que requiere valentía y escoger callar. En otro pudimos haber sido Robert, en el que podemos defender valores que creemos importantes y, sin embargo, actuar en algún momento de una manera que contradiga la moral que profesamos.
Estoy convencida de que este mundo será mejor cuando las personas crean y conozcan a Jesús. Cuando se permitan nacer de nuevo espiritualmente. Por eso escribo, aunque no tenga las mismas visualizaciones que un editorial del Washington Post. Porque creo que hablar de Jesús sigue siendo mucho más importante que ganar una discusión.
Cuando miro a estos tres hombres, también veo que hay mucho más que los une de lo que los separa. Los tres, de distintas maneras, han mostrado preocupación por otras personas. Los tres han defendido aquello en lo que creen. Los tres, con sus diferencias, han buscado de alguna manera aportar al mundo desde sus propias convicciones y experiencias.
Y si creyéramos verdaderamente en Jesús y viviéramos conforme a sus enseñanzas, nuestras diferencias podrían convertirse en puentes de unión y no en motivos de división.
Volviendo hacia 1982, en plena Guerra Fría, el predicador Billy Graham decidió valientemente que debía cruzar la Cortina de Hierro y entrar en territorio soviético. Mientras el mundo estaba dividido por una profunda confrontación ideológica, Graham fue a Moscú para hablar de paz, desarme y, sobre todo, para predicar sobre Cristo. Su decisión fue duramente criticada por medios de comunicación y por algunos líderes cristianos conservadores, que consideraban que su presencia podía legitimar al régimen soviético. Para Graham, sin embargo, aquella controversia no anulaba una oportunidad: llevar el mensaje de Jesús al otro lado, a quienes muchos consideraban enemigos. Él vio personas con una profunda necesidad de escuchar acerca de Cristo. No puso su imagen, sus miedos ni lo que le convenía por encima de su llamado a compartir el mensaje de Jesús.
Porque legitimar al otro, al que consideramos inferior moralmente, equivocado o lo vemos como nuestro enemigo, siempre ha sido contracorriente. Pero eso justamente fue lo que vino a hacer Jesús, nuestro guía sobre como responder en este mundo terrenal.
Nos tocó vivir una época frente a muros mucho más difíciles de derribar que el concreto. En el pasado, hubo quienes tuvieron que derribar muros de hormigón con sus propias manos. A nosotros nos toca derribar otros muros, muchos de ellos con algo tan pequeño como un clic en el celular.
Podemos comenzar dejando de replicar, compartir y alimentar aquello que nos divide. Podemos detenernos antes de convertir al otro en un enemigo. Podemos mirar con amor y compasión a quien piensa diferente, sin renunciar a nuestras convicciones, pero recordando que delante de nosotros hay una persona, no una bandera.
Quizás el verdadero desafío de nuestro tiempo no sea decidir de qué lado del muro estamos, sino preguntarnos cuántos muros estamos ayudando a construir y cuáles podemos comenzar a derribar.
Porque hoy a nosotros nos toca derribar los muros que construimos con nuestras palabras y acciones. Porque hoy, requiere más valentía y carácter construir un puente que un muro.
Me quedo con esta imagen de Macklemore y Ed. Que nos recuerde lo que los muros pueden destruir y dividir. Que nos recuerde que nadie gana cuando elegimos la fragmentación. Que nos recuerde que juntos podemos ser más fuertes y ser medios de algo mucho más grande que nosotros mismos.
MG
Para profundizar bíblicamente: Filipenses 2:1-5, Lucas 7:41-42; Mateo 9:36; 1 Samuel 16:7; Lucas 22: 61-62.
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